
El test de Turing lleva ese nombre porque en el año 1950, un matemático británico llamado Alan Turing se planteó la pregunta de si las máquinas podían pensar, pero lo interesante es que en lugar de intentar definir qué significa pensar, propuso un juego de imitación.
Pero si esto sigue siendo tan importante a día de hoy, es porque se puede relacionar perfectamente con los chatbots para empresas, ya que si una persona conversa con una máquina y no puede distinguirla de otro ser humano, entonces, según este teórico, podríamos decir que la máquina piensa, o al menos, que parece que lo hace.
La verdad es que en su momento y también ahora, esto parece más algo filosófico que tecnológico, e incluso se puede relacionar con el apogeo que se estaba viviendo en ese momento con el interés por el futuro, y con autores literarios como Isaac Asimov, que en ese mismo año, publicó Yo, robot (si, el libro que inspiró la película que protagoniza Will Smith).
No obstante, la verdad es que con el tiempo se trata de una de las piedras angulares para medir el avance de la inteligencia artificial generativa, y precisamente por eso, merece la pena entender bien qué es el test de Turing, de dónde viene y por qué forma parte de la metodología con la que desarrollamos y evaluamos esta tecnología.
¿Qué es el test de Turing y cómo funciona?
Para entender bien el funcionamiento de esta prueba vamos a hacer lo que corresponde cuando se quiere comprender cualquier cosa, que es remontarnos a la formulación original que Turing publicó en 1950, porque en ese momento, en realidad, no se hablaba exactamente de una máquina frente a un humano, más bien de una prueba de imitación con tres participantes.
Así que un interrogador hablaba por escrito con dos personas, un hombre y una mujer, y debía averiguar cuál era cuál. Después, el hombre intentaba engañar al interrogador, mientras que la mujer colaboraba para que este acertara.
Hasta ahora, esto no tiene nada que ver con los Agentes de IA, es cierto, pero lo interesante empieza cuando Turing después sustituyó a uno de los dos por una máquina y planteó la pregunta de si la máquina ocupaba el lugar del hombre, ¿podría el interrogador distinguirla de una persona?
Dicha sustitución dio origen al test tal y como lo conocemos, y su mecánica sigue siendo básicamente conversacional, puesto que el evaluador no ve ni oye a sus interlocutores, solo lee sus respuestas a través de una pantalla.
A partir de ahí, el procedimiento sigue lo que se llama una lógica de prueba ciega, donde el interrogador formula preguntas sobre cualquier asunto, y ninguno de los dos sabe qué pregunta vendrá después, y el interrogador no recibe ninguna pista sobre quién es quién. La máquina gana si el interrogador no puede distinguirla con suficiente fiabilidad, mientras que el humano gana si el interrogador acierta.
¿Cuáles son las preguntas del test de Turing?
La verdad es que no existe un cuestionario oficial ni una lista cerrada de preguntas, puesto que Turing no creó un examen como tal, más bien es una metodología de estudio y de trabajo. De hecho, en su artículo de 1950, titulado ‘Computing Machinery and Intelligence’, ofreció varios ejemplos para mostrar cómo podría funcionar esta prueba, dando ideas sobre que el interrogador podía indagar en gustos, opiniones, o reacciones ante una obra de arte, por ejemplo.
Si hay una razón de esa ausencia de preguntas concretas es que el test no busca medir conocimientos concretos, puesto que más bien valora la capacidad de mantener una conversación escrita que resulte lo más parecida posible a la interacción humana.
Por eso, cualquier pregunta puede formar parte de la prueba si el interrogador la formula por escrito y si obliga a la máquina a responder con naturalidad y de forma espontánea y dentro de un determinado contexto. Así que el evaluador puede preguntar por matemáticas, por literatura, por cosas de sentido común, o incluso por emociones.
En realidad, siempre que le haces una pregunta a una plataforma de inteligencia artificial, como usuario, estás llevando a cabo tu propio test de Turing, porque hoy en día es bastante fácil reconocer las respuestas generadas por IA, o el contenido que hay en Internet que está hecho usándola.

¿La inteligencia artificial actual puede superar la prueba de Turing?
Desde los primeros programas conversacionales hasta los modelos de procesamiento del lenguaje natural actuales, varios sistemas han logrado engañar a jueces humanos en versiones reducidas de la prueba, y hoy, los modelos de Claude para empresas, o similares, pueden mantener conversaciones sin que un evaluador sin experiencia detecte siempre la máquina. No obstante, esto no equivale a superar el test en su sentido más exigente.
La dificultad crece con la duración y con la pericia del interrogador, puesto que si la conversación se alarga, o si el evaluador cambia de tema, pide coherencia con lo dicho antes, introduce ambigüedades, o exige sentido común, los diferentes modelos de inteligencia artificial actuales, al menos por ahora, empiezan a fallar.
Así que pasar el test no demuestra inteligencia real por parte del sistema, en realidad solo demuestra una buena capacidad de imitación lingüística, porque la IA realiza la prueba porque los desarrolladores la entrenan para predecir qué diría un humano, no porque comprenda lo que dice.
Pero lo interesante de todo esto a nivel empresarial, es que un asistente que parece humano puede mejorar la atención al cliente, porque puede hablar con los clientes conociendo los datos que tiene que saber y estar conectado al resto de sistemas informáticos del negocio.
Por lo tanto, si bien el test de Turing es una prueba interesante, no es necesaria estrictamente para poder automatizar tareas empresariales con inteligencia artificial, ya que para este objetivo, hoy en día contamos con herramientas y plataformas de muy alto nivel que cumplen con su función.
No obstante, siempre es interesante conocer en qué consiste esta prueba, porque nos da una idea de lo que buscan los desarrolladores de inteligencia artificial, pero si lo que te interesa es su aplicación empresarial, contacta con nosotros.
